20 de octubre de 2008

En realidad hay muy poca gente

Es la séptima vez seguida que miro el vídeo e inevitablemente vienen a mí nuevas escenas de cada uno de esos momentos complicados en los que me he sumergido peligrosamente durante todos estos años, en los que, afortunadamente, siempre ha habido alguien que se ha encargado de rescatarme, quizás no temprano, pero sí lo suficientemente pronto como para evitar un mal mayor. Y luego vienen a mí las instantáneas de aquellos momentos en los que yo he sido esa persona, de los que me enorgullezco pero sin hacer alarde, de los que no habré de hablar porque sino perderían la magia.


Piensa en los golpes que has recibido. Haz una buena revista de cada uno de ellos, no solamente listándolos, sino reconociendo su motivo real, la causa en la que no pensaste cuando estuviste nublado por el desconcierto o la furia posterior. Recuerda la escena completa, los detalles mínimos, aquello a lo que no le prestaste atención. Piensa en el dolor posterior, y no me refiero al físico. Y luego piensa en las personas que se encargaron de aliviarlo. Porque no es cierto que uno solo se encargue de eso, ya que, como dice el mismo bunbury en otra canción, "el tiempo no cura nada, el tiempo no es un doctor". Quizás, como dice esta canción, en realidad haya muy poca gente. Realmente muy poca. Pero en esta dinámica de transeúntes perpetuos debemos comprender que no se trata de una cuestión de volumen, de cantidad en bruto, de apilar nombres, o fotos, o rostros. Se trata de conservar la mirada hacia adelante, sin pensar en los golpes que vendrán, sino en las personas que se encargarán de hacer que eso no sea impedimento para seguir avanzando.

Recuerdo claramente una conversación con alguien que, ocasionalmente, caminó por la misma vereda en alguna de estas rutas extrañas de transeúnte, y nos enfrascamos en la discusión de quiénes eran realmente amigos. Nunca llegamos a un acuerdo, y asumo que ya no tendremos más ocasión para poder romper el empate técnico, pues mientras ella defendía la idea de que podían ser cientos, yo me limitada al espacio reservado a los dedos de mis manos.
Hoy sólo sé que en realidad hay muy poca gente. Y es a ellos a quienes empezaré a buscar, apenas cierre estas líneas, por el simple hecho de darles las gracias.

6 comentarios:

Michel Pérez dijo...

Maestro Fernando.
Usted, cada vez tan buen escritor como de costumbre.
Me anima a caminar, su reflexión acerca de las personas que podemos considerar amigos. Sin duda comparto la idea de que son contabilizables sólo através de los dedos. Quién sabe, quizás sólo con los de una sola una mano.
Y siguiendo la asociación al hecho de caminar, me preguntaba qué opinas acerca de caminar y pensar.
Esto, porque asocio involuntariamente el caminar, pensar, y escribir en el blog; con las veces que estas personas no están, o nosotros no estuvimos con ellos. Es como si tuvieran que olvidarnos, para acordarnos de nosotros.
En fin, caminante, también soy un transeúnte, y estoy siguiendo tus pasos, como buena persona, pero sobretodo, como buen amigo.

Un abrazo.

Fernando Loyola Angeles dijo...

Gracias, Michel, tremendo comentario y qué geniales reflexiones. Definitivamente pensar caminando es uno de esos pasatiempos que deberíamos de practicar más a menudo. Especialmente porque siempre estamos en la ruta, aunque parezca que no nos movemos.
Me has hecho acordar que nunca expliqué por qué somos transeúntes, así que voy a ponerme a escribir en un rato más. Esas invitaciones inesperadas e imprevistas son las más importantes. Gracias!

Michel Pérez dijo...

Maestro, sigo esperando sus reflexiones. Sobretodo aquella que mencionaba, sobre el porqué somos transeúntes. Por otro lado, y con un estado de ánimo que esta vez no me invita a caminar, estaba pensando acerca de que "en realidad hay muy poca gente".. y me preguntaba si eso se aplicaba a la realidad concreta y simple. LLegué a la conclusión de que si "en realidad hay muy poca gente", en verdad hay mucha gente en la universidad.

Girasol dijo...

Definitivamente creo que somos transeuntes por esta vida y debemos aprovechar cada momento antes de que se pase, y disfrutar de nuestra vida, familia y amigos aun más!Creo que los amigos son contaditos, de hecho los dedos de las manos alcanzan muy bien, tú eres uno de ellos!

Fernando Loyola Angeles dijo...

Y tú eres una de las mías!

Anónimo dijo...

muy cierto lo de los amigos y cómo son muy pocos los que realmente se mantendrán a tu lado y sabrán ayudarte, aún cuando eso signifique impedirte el hacer cosas...mientras más leo su blog más ganas tengo de que empiece el ciclo para poder conocerlo en Comportamiento económico...presiento que vamos a aprender mucho en el camino!