2 de mayo de 2010

El rol de quien desea hacernos mal

Piensa en una persona que hoy te quiso hacer daño. Y que no se trate de un encuentro fortuito o una situación pasajera. No. Piensa en esa persona que parece que encontró el sentido de su vida en hacer la tuya simplemente imposible. Y lo disfruta.

¿Cuál sería la verdadera razón por la que alguien, sin aparente motivo, decide hacer de nosotros víctimas para convertirse en victimarios orgullosos, ejecutores de torturas que sólo ellos disfrutan? ¿Es acaso tan placentero ver sufrir a otro en manos nuestras? Podríamos probar. O podríamos no hacerlo, porque simplemente no nace de nosotros la simple idea de hacerle pasar a otro algo que no se merece.

Merecer el sufrimiento o el dolor es una idea clave en este contexto. ¿Qué es lo que merecemos cada uno de nosotros? Por un segundo detente y responde a esta simple pregunta: ¿Qué es lo que realmente me merezco? Y luego mírate. ¿Por qué no soy quien merezco ser? Sé que me lo merezco. El resto corre a cuenta de nuestras ideas sobre la justicia.

Entonces, en medio del espiral de ideas y contraideas que se arremolinan en nuestra cabeza, surge el principio genial: Si yo no me lo merezco, ellos tampoco. Pero ellos son demasiados, así que podría empezar por uno. O dos. O tres. Pero no más. Y es así como inicia el sencillo trabajo de seleccionar a las víctimas de nuestro descontento. En poco tiempo las tenemos listas y esperando. Generalmente son las que sonríen más, las que tienen más, las que poseen aquello que deseamos, no, que codiciamos y que sabemos que no tendremos. Y nos enfocamos en ellas y volcamos hacia ellas nuestros intentos de maldad.

Entonces, ¿qué podemos hacer nosotros? ¿Simplemente no demostrar que somos felices, y así dejar de ser blanco fácil? ¿Señalar a un otro que pueda ser más feliz que uno para salvarnos de ser víctimas? ¿Salir corriendo? Son alternativas. Pero a mí se me ocurre una mejor pregunta: ¿Cuál es el rol de esas personas en nuestras vidas? Porque así de fácil no nos las vamos a poder quitar de encima, y no podemos permitirnos que se salgan con la suya.

Leí en algún lugar una frase atribuida al Dalai Lama, que indicaba que nuestro peor enemigo es nuestro mejor maestro. No sé si sea de él la frase, pues la fuente no me resultaba confiable, pero lo que sí sé es que esa frase encierra una gran verdad. Y la respuesta a mi pregunta.

El rol de las personas que nos desean el mal, y que hacen hasta lo imposible por lograrlo es el de poner a prueba nuestras fortalezas y deseos. Si nos hacen desistir en algo es porque en realidad no queríamos ese algo. Si nos llevan a dudar de nosotros es porque no estamos seguros de quienes somos. Si nos llevan a la frustración, estamos ante una imagen de nosotros mismos que nos debería llevar a la acción. Y es eso: Un llamado a la acción, una invitación a creer, a intensificar, a valorar.

Mi madre, que era simple, directa y sabia, un buen día, cuando me vio explotar de cólera contenida contra una persona con la que trabajaba por aquel entonces, y que me hacía la vida imposible, me dijo con calma: “Mañana vas a ir, le vas a dar un beso y la vas a abrazar. Y mientras más la quieras odiar, más la vas a abrazar. El odio sólo te hace daño a ti.” Y en son de broma fue lo que hice. Y el resultado fue inesperado: Tenía delante de mí a una persona que había dejado sus armas en el suelo, completamente confundida y sin comprender qué estaba pasando. Desde ese día, empecé a entender de qué se trataba el juego.

Empecé a escribir este post para tomarme con calma la jugada maestra de alguien que me acababa de privar de algo muy importante para mí. Quizás para siempre. Y es a ella a quien se lo dedico, porque me invitó a volver a escribir, luego de varios meses de no hacerlo. Y porque me invitó a creer en más cosas de las que ella misma podría imaginar. Muchas gracias, maestra, y espere las flores que le enviaré como muestra de mi respeto.

6 comentarios:

luz en el camino dijo...

Soltar el creer que somos mejores que alguien y reconocernos como aprendiz, sigo en proceso de crecimiento...

Anónimo dijo...

la verdad de la idea de que alguien nos haga dano , no existe, es solo reflejo de nuestra mente inconsciente, porque todo tiene su raiz en nuestra mente, si paso algo, fue por que desgraciadamente lo atrajimos a nuestra vida, por temor, o por simplemente tener nuestra mente en ideas negativas, liberemos nuestra mente de temores, para vivir, felices, un abrazo cordial, estimado maestro.

Anónimo dijo...

Un saludo, primero de todo y gracias por el post. Sin embargo, me gustaría preguntar esto: ¿qué ocurre cuando quien te desea mal es tu madre? Muchas hijas pasan por esto. Intentan complacer a su madre por todos los medios - abrazos, besos, regalos, obediencia, sacar buenas notas, ayudar a todo en casa - pero eso nunca es suficiente. Porque esas hijas nunca serán queridas por sus madres debido a que sus madres las odian. Yo he besado y abrazado, y a cambio he recibido insultos, humillaciones y golpes. ¿Qué me dice a todo eso? Lo único que se consigue dando amor a quien no lo merece es un odio aún más profundo. No podemos subyugarnos a quien ya de por sí nos subyuga. Si lo hacemos, en mi opinion estamos incubando a otro maltatador. Los maltratadores pueden ser maestros, sí, pero para solo para dejar de hacernos pusilánimes o para que aprendamos a protegernos. Desafortunadamente, su objetivo no es enseñar, sino hacernos infelices. Y vaya que si lo consiguen. Son como una infección de infelicidad que acaba con la alegría de todo aquel al que tocan. Por eso, lo major es alejarse de las personas malignas. Sólo así, cuando experimenten la soledad, aprenderán a valorar a las personas.

Fernando Loyola Angeles dijo...

Muchas gracias por los comentarios.
Luz en el camino, completamente de acuerdo contigo. Seguimos en el mismo camino.
Primer anónimo, es una manera interesante de ver las cosas. El daño nace de nuestro miedo, que nos hace vulnerables.
Segundo anónimo: Es por ti que escribo este comentario. Es la primera vez que comento un post mío. Sé de qué hablas, nunca he llegado a sentirlo, pero lo reconozco. Y en tu propio comentario está la respuesta: Hablas de la hija que "intenta complacer a su madre por todos los medios". ¿Por qué tendría que hacerlo? ¿No debería tratar de complacerse a sí misma? Estar bien con uno es el primer paso para todo lo siguiente. Estar bien con un otro que nos maltrata, es doloroso. La forma en que asumimos ese maltrato es lo que nos permitirá tomar decisiones, y hacernos realmente fuertes. La soledad, tema con el que cierras tu comentario, es la clave también. Al menos así lo creo yo. Pero habemos quienes amamos nuestra soledad. Así que siempre dependerá del momento y la intención. Un abrazo.

Luisa Fernanda Muñoz Giraldo dijo...

Yo vivo esa situación con mi madre, y es muy duro para mi aceptar esa situación, siempre me desea el mal, y me hiere de mil maneras, se burla de mí, en situaciones me ha llevado a perder la calma, pero hoy en día lo veo como una batalla, yo aun vivo con mis padres ya q no me he pidido ubicar y al vivir aca debo agachar mi cabeza, solo le pido a DIos q me ilumine y me de fuerzas.

Luisa Fernanda Muñoz Giraldo dijo...

Yo vivo esa situación con mi madre, y es muy duro para mi aceptar esa situación, siempre me desea el mal, y me hiere de mil maneras, se burla de mí, en situaciones me ha llevado a perder la calma, pero hoy en día lo veo como una batalla, yo aun vivo con mis padres ya q no me he pidido ubicar y al vivir aca debo agachar mi cabeza, solo le pido a DIos q me ilumine y me de fuerzas.